Y una vez que tu esquema está más o menos de acuerdo a tus opiniones o deseos, llega la hora de desenmascarar a tu Antihéroe, que según tu juicio, podrá formar parte de tu plantilla, o de tu bando, o podrá ser, por otro lado, parte de otro bando independiente o incluso un pseudo-enemigo. Por supuesto no todos los antihéroes tendrán el mismo grado de maldad, ortodoxia u objetividad, muchos en realidad nunca fueron antihéroes, sino que siempre fueron tus aliados desde el momento en que lo descubriste. Otros, en cambio, sólo tienen dos destinos posibles con respecto a ti: ejercer una influencia ennegrecedora en tu espíritu o llegar a convertirse en un pseudo-enemigo o incluso en tu archienemigo. Tampoco olvides que también es posible que un aliado, llegado un momento, termine por convertirse, por un golpe del destino, en tu Antihéroe, y no sólo eso, sino en tu rival.
El asunto de los Antihéroes es complicado, porque es una constante en la vida del superhéroe, y además, éstos, los Antihéroes, son difíciles de identificar. Lo que está muy claro es que cuantos más Antihéroes pasan por nuestra vida, menos nos cuesta, con el paso del tiempo, reconocerlos a primera vista (al menos los que son del mismo tipo). Obviamente, todo esto, junto con nuestro paso por esta vida y nuestro perfeccionamiento, hace que desarrollemos nuestros superpoderes, adquiramos nuevos o incluso intercambiemos unos por otros o cambiemos el matiz o la dirección de otros.
Siempre habrá Antihéroes en nuestras vidas, al menos siempre y cuando necesitemos aprender algo; de manera que piensa esto: siempre que desenmascares a un Antihéroe, en lugar de sentirte decepcionado o rabioso, piensa qué es lo que tienes que aprender realmente. El hecho de que tus Antihéroes siempre tengan el mismo perfil es un indicativo que habla por sí mismo. Y, finalmente, también es importante saber qué hacer con ellos, recuerda que de los Antihéroes han nacido los peores Archienemigos que jamás hayan existido.