Parte 2 - Ludderwort en Resworold
De pronto Samuel se encontró otra vez entre humo, un humo grácil y suave, de color verdoso esmeralda. Sintió en él mismo toda la profundidad de su ser, de las estrellas y el universo, y a la vez sintió cómo cabía, tan pequeño, en un diminuto hueco de su corazón. El mundo era tan pequeño…- Pero, ¿de qué te sirve tener un Ludderwort en tus sueños si no lo tienes en la vida? Cualquiera es capaz de soñar, pero no son tantos los que tienen la valentía suficiente de vivir de verdad. Busca tu Ludderwort en la vigilia, porque necesitarás ir a él cuando para descansar tu espíritu no quede ningún otro sitio en este mundo, ni siquiera en tus sueños. El Ludderwort en tus sueños puede existir durante tiempo limitado; cuando la melancolía es suficientemente pesada durante cierto tiempo, tiende a desvanecerse. Todo es cuestión de equilibrio. La vida en Phantasomm y tu Ludderwort en él son importantes, e incluso complementarios, pero la vida en Resworold y tu Ludderwort allí son necesarios para todo lo demás en Phantasomm. No podrías, si no, dormirte cada noche y llegar a Phantasomm si no fuera por formar parte de Resworold. – Inquirió Babai.
- Pero, ¿cómo encuentro mi Ludderwort cuando estoy despierto, en Resworold?
- Es tu Ludderwort quien te encuentra a ti, igual que ocurrió en Phantasomm. Él llegó a ti: no buscaste un lugar al que llamar Ludderwort, en realidad aprendiste un nombre con el que poder llamar aquel lugar, y ese era Ludderwort.
- Ayúdame, Babai…
- No puedo. Tan sólo podría llevarte a mi propio Ludderwort, y eso no te ayudaría.
Phantasomm era el lugar al que todos llegamos cuando, después de acostarnos en la cama, no sólo dejamos de saber si estamos despiertos o dormidos, sino que ni siquiera se nos ocurre pensarlo o saberlo. Resworold, en cambio, es el lugar donde estamos el resto del tiempo, donde sabemos perfectamente que estamos despiertos y ni siquiera es necesario preguntárselo. Así sonaron estas palabras en la cabeza de Samuel, como si nunca antes, y a la vez desde siempre, hubieran estado allí, en su mente, esperando el momento preciso a ser desveladas. Todo en Phantasomm era misterioso, pero a la vez obvio y claro una vez revelado. Cada palabra y cada pensamiento se enraizaban a la memoria madre y se convertían en recuerdos atemporales, pensados desde siempre jamás.
- Pero Babai, tú eres mi guía. ¡Tienes que ayudarme!
- Soy tu guía porque así tú lo sientes, pero sólo pones en mis labios palabras que tú ya sabes. La única razón de que escuches mis palabras y no las tuyas es que nunca has hablado solo, a ti mismo, ya que no valoras el poder de tus propias palabras. Me necesitas tanto como a tu propio eco. Quizás lo tomaras más en serio que a tu propia voz, ya que no viene de ti mismo; esa es toda la razón.
- No es cierto, Babai. Tú siempre tienes la respuesta, sabes qué decir a cada momento. Tienes la solución adecuada a cada problema. Eres mi guía.
- Diversas soluciones son adecuadas para un mismo problema. Crees al eco más sincero por el hecho de venir de dentro de las amplias profundidades.
Y en lo que tardan las manillas en contar un segundo, Samuel viajó en caída por las profundidades de una cueva de rocas marinas, entre afilados salientes y el húmedo frescor del mar.
- ¡Samuel! ¡Levanta! ¡Vas a llegar tarde!
- ¿Dónde estoy? – Pensó Samuel para sí.
- Samuel, por favor, levántate que tengo que irme.
- ¡Ya voy, mamá! – Dijo con desgana y desagrado.
Poco a poco, y sin saberlo, Samuel fue dejando atrás Phantasomm, mientras atravesaba el Intermedio iba empezando a reconocer ante sus ojos Resworold. Tan exuberante, hiperrealista y mundano, tan simple y sencillo. Recordó no tener ninguna gana de ir la universidad, como cada día. Recordó no tener ninguna gana de hacer casi nada. En sus ojos siempre un filtro de nubes y lluvia estropeaba cualquier día, por bonito o soleado que pudiera ser. Ni siquiera recordaba el por qué de aquel filtro, o de aquella desgana, solamente recordaba haberla llevado consigo desde hacía mucho tiempo, desde que tuvo motivos, hasta ahora. Siguió viviendo toda aquella mañana, y el mediodía, tan ausente que apenas fue consciente de todo lo que hizo aquel día en la universidad; le pareció hacer lo mismo que todos los días, hablar de los mismos asuntos, asistir a las mismas lecciones. Llegó a casa, y después de comer en silencio – hasta las voces de sus padres parecían venir de bajo el agua – entró en su habitación y permaneció allí durante horas interminables. Se sentía totalmente anestesiado, y poco a poco empezaron a mostrársele, en ráfagas, recuerdos de Phatasomm: aquel humo – denso o ligero – de colores, Babai y todas las palabras y pensamientos que allí nacían. “¡Qué sueños tan raros tengo!” Pensó. – Parecen tan reales… Casi más reales que la vida misma. – Continuó.
- Pero ¿qué no me dice que aquello sea tan real como esto? O quizá más, puesto que lo que siento allí es más profundo e intenso que lo que siento aquí. A fin de cuentas, es mi misma mente en ambos sitios; es, sin duda, allí donde más puro es todo, es la percepción pura, de y desde mi mente. – Pensó para sí.
Pensó ahora en Ludderwort, aquel paraíso que calma y apacigua. – ¿Mi Ludderwort en Resworold? ¿Dónde estará aquel lugar en este mundo despierto? Ojalá Babai existiera aquí. – Deseó. Pasaron las horas bajo la música de sus discos desgastados, viendo el tiempo pasar. Llegó otra vez la noche y Samuel se acostó a dormir.
- Tu Ludderwort del mundo despierto no necesita ser buscado, ya te encontró hace mucho, y ha estado allí durante muchos años. Abre bien los ojos, lo único que necesitas es empezar a llamarlo así.
- ¡Babai! ¡No me di cuenta de que estabas aquí! Me has asustado.
- ¿Me has oído? – Preguntó a Samuel.
- Sí, sí. Pero, ¿cómo puedo saber cuál es desde aquí? Yo allí no veo las cosas con tanta claridad como aquí, ¿puedes ayudarme tú desde aquí?
- Siempre hay impresiones de nuestro Ludderwort de Resworold en el de Phantasomm, todo Phantasomm se crea, en parte, del mundo despierto. Ve a tu Ludderwort de aquí, y quizás allí encuentres la clave.
Samuel de pronto supo que, al igual que en Phantasomm podía ir a su Ludderwort en cualquier momento, del mismo modo podía hacerlo en el mundo despierto, sino yendo allí físicamente, manteniendo aquel lugar en su mente; en un instante podría estar allí, disfrutar de su paz e inundarse de su templanza. Ahora tenía una de las claves, y estaba preparado para seguir buscando.
- Cada vez que piensas por ti mismo te acercas un poco más a tu verdadero guía. – Dijo Babai satisfecho.